El principio de frase del título es con toda seguridad el más repetido en Cataluña estos últimos dos meses y medio.Día a día se hacen conjeturas sobre todos los aspectos de la vida en un nuevo Estado, y cada uno hace su análisis según su postura. Aquí vienen algunas reflexiones:
El tiempo ya no se mide igual. Desde hace unos años, la historia se ha acelerado. Lo que antes era un mes, ahora contiene la transcendencia histórica de un año entero. Estamos a 23 de noviembre y parece que el 11 de septiembre, Diada de Catalunya, haya sido hace muchísimo tiempo. Los cambios se suceden de la manera más insólita, como una cascada. Ahora CiU es tan independentista como ERC, quién lo iba a decir.
Cuando la manifestación del 11 de septiembre, yo estaba convencido de que la mayoría de la gente que fue estaba allí para protestar por los recortes y que el malestar por la crisis se había inmiscuido en medio de un acto típicamente independentista. Ahora ya no estoy tan seguro.
El espíritu de la época en Cataluña, con este giro hacia la independencia, me deja profundamente sorprendido, como algo irreal. De hecho, de repente todo el mundo comenzó a hablar con total normalidad de la situación como «el principio de un proceso», de la posibilidad real de que se llegara a conseguir. Me siento como en una realidad paralela en la que Cataluña puede llegar a ser independiente. Un suceso de lo más Fringe, la verdad.
Sin embargo, no debería extrañar a nadie. Teniendo en cuenta las consultas que se iniciaron en Arenys de Munt, los recortes al nuevo estatuto, la sentencia del Constitucional sobre ese estatuto, los ataques a la inmersión lingüística, etc. nos damos cuenta de tres cosas. Primero, las consultas sobre la independencia fueron el punto de inflexión, ya que rompieron un doble tabú: hacer consultas y hablar sobre la independencia. Segundo, la vía de encaje catalán mediante una reforma constitucional se ha demostrado que está muerta, de hecho es más probable que Cataluña se independice que que la Constitución sea reformada, por lo que los partidos que propugnan cosas como una España federal apuestan por una situación totalmente imposible. Tercero, Cataluña está en un callejón sin salida, en un punto en el que sólo caben dos caminos: o sigue como comunidad autónoma en una situación mucho más tensa que hasta ahora o rompe con España y abre una vía como nuevo Estado.
En una coyuntura diferente, de menos malestar, seguramente no habría sido posible algo así. Ese nuevo camino da ilusión, y eso se percibe en la gente cada día.
El hecho de que Cataluña no esté en la UE no siempre se percibe como algo dramático. Hay quienes dicen que lo mejor sería romper tanto con España como con el mandato alemán y del Euro sobre nuestras cabezas. Un reset total.
No me imagino tener que enseñar el pasaporte para pasar la frontera. Eso está pasado de moda.
El rompimiento sí que da cierto miedo, pero, dada la coyntura, la ilusión puede más. Tampoco es algo que puedas parar, porque trasciende a la persona.
El independentismo no es exclusivo de los nacionalistas. Desde hace pocos meses, el concepto se ha vaciado de patriotismo y ha pasado a englobar mucha más gente no necesariamente nacida en Cataluña. No se mueven tanto por un sentimiento de pertenencia irracional a una patria, sino por un hartazgo debido a la falta de encaje en España o por razones económicas.
No creo que en una Cataluña independiente viviríamos mejor, pero tampoco creo que viviríamos mucho peor. Al menos el número de políticos contra los que tendríamos que luchar sería menor.
Soy consciente de que Artur Mas puede estar utilizando el tema de la independencia como cortina de humo que tape los recortes y los casos de corrupción. Éste es uno de los argumentos más utilizados por los contrarios a la independencia. Sin embargo, la sola posibilidad de que esa manipulación exista no se puede utilizar para deslegitimar todo el movimiento. La trascendencia que tiene esto se palpa como algo mucho más profundo y arrollador que una simple cortina de humo. Si el inconsciente colectivo no acompañara, esto no habría llegado tan lejos. En cualquier caso, el tiempo dirá si Artur Mas va en serio o si es todo una farsa.
Plutón está a sólo 3 grados de la oposición a la Luna de la carta de España (que está a 11º de Cáncer) y poco a poco se está acercando a la exactitud. Esta oposición durará hasta 2016. Hace tiempo que pienso en esa oposición, pero nunca me habría imaginado que ese terremoto en absolutamente todas las estructuras (Plutón en Capricornio) supusiera un revulsivo que pusiera de manifiesto aquello que ya no sirve precisamente donde estoy viviendo yo. La Luna, el pueblo español, va a tener unos cuatro años muy movidos, incluso diría que bastante dolorosos, ya que los tránsitos de Plutón no suelen ser demasiado amables. Obligan a dejar atrás aquello que está muerto y podrido para dejar paso a la regeneración.
En mayo de 2013, la cuadratura de Urano y Plutón cae exactamente sobre los 11º de los signos cardinales. En noviembre se encontrarán otra vez en el grado 9; en abril del 2014, en el grado 13; y en diciembre, en el grado 12. Cuando hay tránsitos importantes, hay cosas que salen a la superficie. Me parece que la tensión acumulada en Cataluña era la candidata perfecta para encarnar el deseo de regeneración (Plutón) y de rebelión (Urano). Si me tuviera que fiar de estos tránsitos tan potentes, diría que esto ni mucho menos es una farsa, sino que tiene un empuje extremo que no hay quien lo pare.
Neptuno sobre el Sol de Cataluña podría significar una ilusión muy grande, una deificación encarnada en Artur Mas que llevaría inevitablemente a la desilusión cuando los sueños se dieran de bruces con la realidad. Artur Mas es la imagen del líder, del Moisés que lleva a su pueblo a la salvación (sólo hay que ver la foto de campaña). Al decir que dejará de ser President cuando se consiga el nuevo Estado, está llevando a cabo un sacrificio, una redención por los pecados cometidos (con toda probabilidad) en el Caso Millet. La ilusión, el líder, el movimiento de masas, la salvación, el sacrificio, son todas imágenes neptunianas. También la desilusión.
Neptuno también podría significar la disolución del victimismo catalán, que podría transformarse en una actitud diferente. Sé que estoy siendo contradictorio, prefiero no intentar predecir qué pasará.
Con una Cataluña independiente, tendríamos una nueva carta astral que analizar, mucho más precisa que la que tengo ahora.
Cada personaje en esta historia está encadenado, es esclavo, de su papel. Desde el gobierno central no pueden permitir que se haga la consulta, pero cuanto más lo quieran impedir, más independentistas surgirán en Cataluña cargados de razones para pedir que se realice.
Detrás de Cataluña habrá otros que lo intentarán.
Intento ser un espectador que mira las cosas desde la frialdad del análisis. Cuesta. Mucho. No puedo evitar sentirme invadido por la sensación de que es una situación histórica única.
En Cataluña se ve como algo lógico que la consulta se tiene que hacer. No hacerla no entra dentro de los planes, y menos con un parlamento de previsiblemente más de 2/3 de los escaños a favor del derecho a la autodeterminación.
Yo creo que esto no tiene vuelta atrás. Que es ahora o nunca. Que la consulta se hará. Que salga o no el Sí está por ver.