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Incomprensión

Lo importante es que la incomprensión de los otros no es un eufemismo del desacuerdo, sino la ausencia de un contexto común lo suficientemente profundo y extenso como para que la verdad de uno pueda ser expuesta crudamente sin tener que justificarse ni adornarse.

David de Ugarte, en Parresía, política y comunidad

Cuando contextos diferentes no comparten ni conceptos ni premisas, tienen como consecuencia estructuras mentales que, de no tener una predisposición a conocerse y entenderse, será imposible que interactúen sin conflictos.

La clave es el profundo conocimiento del otro: sus virtudes, sus tics, sus defectos. Tanto para alabarlo como para criticarlo. Sin ello, se alaba o se critica una imagen ficticia, algo que sólo existe en la imaginación. Hay que conocerle más profundamente de lo que el otro es capaz de conocerse, porque así descubriremos qué intención subyace en sus palabras, qué capas oscuras sobresalen inconscientemente y dejan entrever lo que nunca querrían tener la oportunidad de descubrir de sí mismos.

Es un espejo mágico en el que te ves reflejado cada vez que intentas entender aquello que es más opuesto a ti.

Los componentes de los grupos polarizados tienen miedo, mucho miedo:

  • a ser expulsados del grupo, por el coste en desprestigio que conlleva
  • a estudiar aquello que critican descarnadamente y descubrir que no tienen toda la razón
  • a descubrir que los defectos que proyectaban en sus enemigos eran en realidad defectos propios que no soportaban ver
  • a que las propias estructuras salten por los aires.

De hecho dentro de la secuencia de pasos hacia la polarización de grupo, este miedo se refiere al primero de todos:

  1. Homogeneización cohesiva
  2. Síndrome de dios
  3. Argumentación superficial y acotada
  4. Deformación de la realidad
  5. Autoafirmación a través del desprecio
  6. Violencia

Es esa ansia de cohesión lo que homogeneiza el grupo de manera abrupta. Juan Urrutia, en su conferencia sobre «Nuevos territorios» analiza aspectos muy interesantes de las comunidades que, sin querer, tienen mucho que ver con esto:

Committment
Una de las cosas interesantes que ocurren en el seno de comunidades identitarias es que estas son a prueba de mutantes. Si alguno de los individuos o nodos de la red completamente distribuida cambia de naturaleza o la comunidad es infiltrada por unos pocos agentes individuales de otra comunidad, estos nuevos individuos no cambian los memes sino que se adaptan a ellos. Decimos que en esta comunidad así estructurada hay, sin necesidad de imponerlo, lo que se llama committment, es decir el compromiso firme de seguir unas pautas de conducta determinada, pautas que no han sido impuestas por nadie.

También habla sobre el coste de abandonar un grupo:

Coste de la disidencia y profundidad de la identidad.
El coste de separarse del grupo (no se sabe todavía si para unirse a otro o para convertirse en ermitaño) está formado por tres factores: la renuncia al sentido de pertenencia, la venganza por parte del grupo abandonado (por pasarse a otro) y la penalización por reincorporarse. La identidad de un grupo es más profunda cuanto mayor es el coste de la disidencia.

Estos tres factores considero que son fundamentales para analizar la polarización de grupo, ya que conforman las razones más potentes para generar ese miedo (inconsciente) que impide superar esa homogeneización cohesiva.

Por ejemplo, el coste de defender la posible validez de la astrología por parte de alguien perteneciente a un grupo de escépticos es enorme: se renuncia a la pertenencia al grupo (que tiene una serie de valores, conscientes o no) y se expone a un pesado desprestigio. Es algo seguramente inaguantable.

Finalmente, Juan describe al individuo que se ha atrevido a disentir:

El proceso de subjetivación
El agente individual se convierte en sujeto a través de un proceso secuencial de disidencia que le va convirtiendo no en un mero miembro de una comunidad identitaria que comparta rasgos culturales, pautas de conducta o valores con otros, sino en alguien único caracterizado por un conjunto específico de memes. Este individuo así conformado es más auténtico en el sentido heideggeriano, es decir más único, cuanto más grande es el coste de la disidencia.

Es decir, aquél que ha bebido de muchas fuentes, se ha impregnado de ellas y se ha atrevido a disentir de los grupos por los que ha pasado, se ha convertido en alguien único, ha encontrado su propio camino: no es un drak, y al mismo tiempo ha dejado de ser humano. Hace falta mucha valentía para exponerse a todos esos miedos.

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Es curioso, pero yo no había visto nunca a un drac.

Dennis Quaid, en «Enemigo mío»

Esa película se estrenó en 1985, con Wolfgang Petersen de director y Dennis Quaid de protagonista. Yo en aquella época tenía 6 o 7 años y me acuerdo perfectamente de haber visto imágenes de ella en alemán, en algún canal por satélite.

Su argumento es de lo más manido: dos personajes totalmente antagónicos se ven obligados a convivir, y de la convivencia surge una amistad de hierro. Esto mismo lo podemos ver en «Paseando a Miss Daisy», «Gran Torino» y miles de otras películas.

Esto es lo que considero importante destacar de ella:

Cuando no hay empatía ni acercamiento, siempre es el otro el que es extraño, no nosotros. Los dracs en «Enemigo mío» son seres escamosos y dan bastante cosilla, pero los dracs también veían a los humanos como seres repugnantes. Es importante ser consciente de que el otro me parece extraño sobre todo porque no lo conozco. Poner el énfasis en el entendimiento y no en las diferencias insalvables es vital para el acercamiento.

Las dificultades unen. Existen circunstancias en las que las diferencias importan mucho menos, como cuando hay dificultades extremadamente imposibles de sobrellevar en solitario o cuando hay un enemigo común.

Conocer sólo el propio punto de vista siempre es dañino. Durante la película se acusan mutuamente de haber comenzado la guerra que mantienen entre sí las dos razas, pero ninguno de los dos sabe cómo comenzó realmente la guerra porque sólo tienen la versión parcial que les han contado sus congéneres. Por tanto, lo que ha moldeado el contexto de cada uno de los extremos no sólo es la información que tiene, sino también la que no tiene, la ignorancia de las otras realidades.

La discordia surge de las diferencias de contexto. Al conocer el contexto del otro, uno se la hace un poco propia: la entiende (aunque no la comparta) e inevitablemente moldea el punto de vista propio. Es al conocer contextos nuevos cuando el propio cobra más sentido y no se estanca en una espiral de autoafirmación.

Hay una línea de no retorno. Una vez se ha llegado a entender al otro (incluso en el caso de que no se comparta la opinión) uno ha traspasado una línea que no tiene retorno. Ya no pertenece a ni al mundo del que provenía ni al que ha visitado a través de compartir un contexto diferente. Se ha convertido en un nexo de unión, un traductor, un intérprete, un puente. Es Géminis y Mercurio. La polarización de grupo se ha deshecho.

Desde luego, a veces me siento un poco reptil, un bicho raro que intenta explicar sin mucho éxito qué es la astrología. Seguramente no pertenezco a ningún grupo: ni soy astrólogo ni soy escéptico.

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Dieta de información

El último post de Bianka me parece muy sugerente y me hace pensar en las analogías entre una buena dieta alimenticia y otra informacional. ¿Qué es lo más importante en los dos casos? Sobre todo que sean variadas.

Es decir, la información, si proviene de pocas fuentes, acaba siendo muy dañina porque desvirtúa la información que tenemos y la hace débil, ya que no ha sufrido los embistes de otras visiones. No puedo pretender escuchar sólo la SER y tener toda la información necesaria para una opinión bien formada y sólida, porque ignorancia también es defender una postura con información parcial.

Poner luz en los defectos de nuestros argumentos puede cambiarlos completamente o hacernos buscar caminos alternativos que de otra manera no habríamos visto.

Pongamos por caso este documental de la televisión vasca sobre astrología. Desde el primer momento se nota que es un producto que han hecho escépticos para escépticos y para gente que no haya profundizado en el tema. Es parcial de tal manera que no presenta a ningún astrólogo mínimamente serio. Y por «astrólogo serio» no me refiero a alguien así, sino, por ejemplo, a quien fue mi profesor durante dos años o incluso a cualquiera de mis compañeros de clase.

Pero en vez de hablar con alguien que les pudiera contradecir o explicar algo coherente, en el documental presentan a una supuesta astróloga que asegura que en realidad no necesita la carta astral para nada, que ella ya percibe las energías de quien tiene delante para hacer la consulta. En medio de ese sinsentido se mezcla la adivinación, el tarot, los horóscopos de los periódicos y todo aquello que sugiera cosas de brujas.

Por otra parte, aparecen entrevistas a científicos, cuyos argumentos son exactamente los mismos de siempre: la precesión de los equinoccios, el efecto Forer, los estudios realizados con gemelos de tiempo, etc. No hay nada nuevo, y lo que hay está contaminado de una parcialidad pasmosa. Seguro que los escépticos se ponen muy contentos viéndolo, pero es una información que no genera ninguna pregunta, ya que son todo respuestas. Es más de lo mismo: subjetividad maquillada de racionalidad para retozarse en el pegajoso fango de la autoafirmación.

En realidad no es tan difícil crear un discurso objetivo, sólo hace falta investigar en profundidad, ser rigurosos y contraponer posturas. Otra cosa es que uno quiera verlo o no. Porque la pregunta más importante es: ¿Soportarían psicológicamente los escépticos más activos darse cuenta de que somos hijos del Universo de tal manera que los ciclos de los planetas reflejan nuestra Psique más profunda? No, de ninguna manera. Por eso el miedo les lleva a no profundizar, porque hacerlo les dejaría desnudos ante algo mucho más grande y desconocido que sus pequeños límites controlables.

Por tanto, de momento mi conclusión es que la mejor dieta de información es aquélla que te nutre de dos maneras:

  • moviéndote a indagar sin miedo nuevos rincones inexplorados
  • cuestionando tus propias posturas, con lo que puedes pulirlas o reafirmarlas

Todo lo otro es dar vueltas en espiral y hacerse pajas celebrando cuánta razón tenemos.

Me acabo de inscribir en un Encuentro de difusión del pensamiento crítico en la sociedad, que se llevará a cabo en el Ateneu Barcelonès este 24 de marzo. En resumen, es una jornada de escépticos en la que habrá una serie de conferencias. Las dos que más me interesan son las siguientes:

  • Ferran Tarrasa Blanes, Doctor en Ingeniería Nuclear: “¿Nos debemos movilizar por los móviles?”
  • José Mª Mateos, Ingeniero de Telecomunicaciones: “Falacias lógicas”

De todas maneras, lo que no puedo negar es que quiero ir sobre todo para estudiar a los escépticos: qué dicen, cómo lo dicen, qué terminología utilizan y todos los signos que indiquen que existe o no polarización de grupo (1, 2). Además, nunca viene mal darse un baño de pensamientos contrarios. Son, como mínimo, equilibrantes.

Eso sí, haré lo posible por apaciguar mi Mercurio en fuego e intentaré no decir ni mu. Son más de 60 contra 1…

Éste es el cartel de la jornada:

Este artículo pertenece a una serie. El anterior post es éste.

Sin haber hecho pruebas empíricas, parece que la polarización de grupo tiene estadios y grados. Aunque cada individuo puede estar en un estadio diferente, la dinámica del grupo como conjunto es la que manda y la que al final los arrastra o los expulsa por discordancia.

Después de haber visto las características principales en el artículo anterior, podemos ordenarlas secuencialmente y de menor a mayor gravedad. A primera vista, el orden más lógico sería el siguiente:

  1. Homogeneización cohesiva
  2. Síndrome de dios
  3. Argumentación superficial y acotada
  4. Deformación de la realidad
  5. Autoafirmación a través del desprecio
  6. Violencia

Es decir, un grupo de personas de ideología afín se reúnen y empiezan a intercambiar sus puntos de vista. Inconscientemente, y para no sentirse ajenos al grupo, no sacan los argumentos que puedan contravenir o retar las opiniones comunes (1). Como no hay contraargumentos a las tesis del grupo, sus componentes se llegan a creer en posesión de la verdad (2), lo cual hace que sus argumentos sean superficiales y muy limitados (3). Con todo ello, el grupo llega a una visión de la realidad deformada porque no tiene en cuenta el resto de puntos de vista (4).

La mayor cohesión del grupo se consigue en el punto en el que se empieza a atacar a quien consideran que está en el otro extremo de sus opiniones (5). Es importante remarcar que como la visión de la realidad está deformada, ese enemigo no tiene por qué ser tan terrible y, además, suele tener una parte de razón que el grupo polarizado no quiere ver. El ataque no tiene tanto la finalidad de acabar con el enemigo como de autoafirmarse por contraste.

Por último, los componentes de un grupo polarizado que juegan a las cruzadas desarrollan inevitablemente algún tipo de violencia. Puede manifestarse como discusiones acaloradas y fuera de tono o como linchamientos o genocidios (6). Incluso los grupos que se consideran a sí mismos los más racionales pueden tener detrás de sí una enorme sombra de irracionalidad e ignorancia que les lleva a atacar como perros rabiosos o a carcomerse por dentro frente a un «enemigo».

Estas etapas no tendrían por qué sucederse de manera rápida, podrían tardar un tiempo y fluctuar, dependiendo de las circunstancias contextuales, del líder o líderes del grupo y del grado de necesidad de los componentes de autoafirmarse.

Los dos últimos puntos de la secuencia, marcados en rojo, son los que suponen un mayor grado de peligrosidad. Los componentes de un grupo pueden tener una visión de la realidad totalmente irreal y creerse en posesión de la verdad más absoluta, pero al mismo tiempo no ir en contra de nadie ni promover la violencia. Es en el momento en el que se decide luchar contra un enemigo cuando uno debe empezar a plantearse hacia dónde se dirige realmente el grupo, ya que la racionalidad se ha dejado muy atrás.

Pero, ¿dónde empieza entonces el problema? La clave está en el punto (2). Tenemos que ser realistas, ya que en ningún caso podemos pedir a los componentes de un grupo que contradigan las tesis que lo cohesionan, pero en cambio sí que pueden ser conscientes de que nunca estarán en posesión de la verdad y que buscar contraargumentos fuera del grupo, a ser posible con la mayor cantidad de fuentes de contraste y con el máximo rigor, es vital para la solidez y la evolución del grupo. Para ello, es importante una actitud receptiva: la información que reciban no tiene por qué transformar ni hacer peligrar los argumentos, pero sí que pueden suavizarlos y les obligará a perfilarlos y pulirlos con un mayor cuidado.

Estar a favor o en contra de algo supone un estudio y una experimentación profundas, diversas y, sobre todo, sin opiniones previas. Todo lo demás es carne de polarización de grupo.

La polarización de grupo es un fenómeno que me ha fascinado desde que lo descubrí. Como intuyo que tiene muchos matices y manifestaciones, prefiero desarrollarlo a lo largo de diversos artículos en los que intentaré profundizar y extender el concepto.

¿Qué es la polarización de grupo?

Es la tendencia que sufren las opiniones de las personas que conforman un grupo a homogeneizarse y desplazarse al extremo más afín, llegando a opinar y realizar actos a los que esas mismas personas individualmente no se atreverían.

Principales características

  • Fuerte sentimiento de pertenencia a un grupo. Para defenderse de tensiones, rechazos y exclusiones, los componentes del grupo no buscan ni se atreven a exponer ideas contradictorias a las comunes del conjunto de grupo.
  • El síndrome de dios, es decir, creerse en posesión de la verdad y, por tanto, no cuestionar las propias ideas, lo que lleva a un estancamiento por falta de contraste y profundización.
  • Búsqueda de un enemigo imaginario al que atacar. Los grupos polarizados suelen encontrar un contrario en el que descargar su ira. Ese ir en contra de algo o alguien es lo que más cohesiona a sus miembros, que suelen desarrollar una terminología propia para descalificar y menospreciar al enemigo y, en contraste, autoafirmarse.
  • Sus argumentos son limitados y se repiten de manera constante sin contrastarlos, por lo que parecen entrar en una espiral que se autoalimenta y extrema. La realidad de aquello que critican se deforma y la imagen que tienen de ello se transforma en algo subjetivo, ya que no son capaces de verlo a través de otro cristal que no sea el propio.
  • Potencialmente contienen una gran violencia más o menos contenida que se desata en comportamientos irracionales, ya sea de forma velada o abierta.

Para investigar más sobre el tema